
El dinamismo del escenario global actual ha empujado a las empresas a una era de profunda incertidumbre. Hoy en día, los directorios se enfrentan al complejo reto de gobernar asumiendo riesgos que hace apenas cinco años ni siquiera figuraban en los mapas de contingencia tradicionales.
Ante una masa abrumadora de información y cambios vertiginosos, que transitan desde las regulaciones y los riesgos de ciberseguridad hasta las transformaciones geopolíticas y la irrupción de la inteligencia artificial, la pregunta clave no es cómo contener el impacto, sino cómo fortalecer las estructuras internas para asegurar la permanencia del negocio.
El primer paso en una gobernanza moderna
El gobierno corporativo ha puesto un fuerte énfasis en la gestión de riesgos porque el entorno en el que operan las organizaciones se ha vuelto más complejo, incierto y exigente. Estas funciones siguen siendo pilares básicos, qué duda cabe, pero la gobernanza moderna exige transitar hacia una visión donde el directorio opere como un motor estratégico dedicado a garantizar la viabilidad y resiliencia de la empresa a largo plazo.
Para lograrlo de manera efectiva, los líderes corporativos, aprovechando la experiencia de años que poseen, deben aprender a gestionar la gran cantidad de información existente desde una perspectiva holística e integrada, de lo contrario, se van a sentir abrumados, no solo ellos, sino también los gerentes y al resto de la organización.
Profesionalización de los directores y diversidad
En el contexto chileno, este fortalecimiento presenta matices diferenciados según la naturaleza de la entidad. Mientras en las sociedades anónimas abiertas las estructuras normativas y de riesgo tienden a estar formalizadas, en el segmento de las medianas y grandes empresas familiares no abiertas, las cuales mueven al menos el 80% de nuestra economía, el principal reto es la profesionalización de sus directorios. Sin este paso fundamental, la ruta hacia la continuidad de las siguientes generaciones que vienen en la empresa puede tambalear.
Por último, no podemos hablar de un gobierno corporativo robusto sin abordar una brecha medular en nuestro país: la capacidad de gestionar la diversidad. La diversidad dentro de un directorio, sea de género, de profesiones o de orígenes, ya no es un asunto que responda simplemente a una agenda de inclusión o al cumplimiento de una ley de cuotas. Un equipo con miradas heterogéneas posee una mayor flexibilidad para prever los cambios, reaccionar con agilidad y transformar los desafíos del entorno en ventajas competitivas duraderas.
Reencantarse con la sostenibilidad
El concepto ESG se ha visto sobreexpuesto en el último tiempo. El gran desafío que tenemos por delante, y esto trasciende a los directorios, es reencantar a las empresas con la sostenibilidad desde la convicción profunda y no desde la obligación o el temor regulatorio.
Un compromiso real con la sostenibilidad debe ser independiente de los ciclos políticos, o de quién administre la empresa en un período determinado. La sostenibilidad auténtica implica incrustar estos criterios en el corazón de la visión estratégica del negocio, superando definitivamente "la cultura del check". Si los incentivos de la plana ejecutiva continúan amarrados exclusivamente a la maximización financiera del trimestre, sin considerar factores como el impacto en la cadena de valor, cualquier declaración de sostenibilidad será meramente superficial. Y en esto, el directorio, también cumple un rol esencial.